De  El espectador

Tintín cumple 90 años y, como ocurre en cada aniversario significativo del personaje creado por Georges Remi (Hergé), el debate es el mismo: ¿debe censurarse o editarse parte de su obra por el racismo o la carga ideológica de sus primeras publicaciones?  

En enero de 1929 Tintín viajó al “país de los sóviets”. Era la primera aventura del periodista belga cuyos reportajes comenzarían a salir semanalmente, como tiras cómicas, en la franja juvenil del periódico católico y ultraconservador Le Vingtième Siècle. En 1931, Tintín vuelve a viajar y su destino, esta vez, es la colonia belga del Congo. El primer libro está cargado de propaganda anticomunista: la gente hace fila para comer, los oficiales amenazan a quienes critican al Partido Comunista y las fábricas solo producen humo por la quema de heno. Todo en Rusia es una fachada que se devela ante la astucia del joven periodista. En el segundo libro, los habitantes del Congo son ingenuos, hablan mal, son supersticiosos, reconocen la superioridad del “hombre blanco”, viven en chozas, descalzos y sin camisas, entre animales salvajes que son cazados por Tintín. Ambas publicaciones fueron hechas por solicitud del abad Norbert Wallez, director del periódico en que trabajaba Hergé.  

Las críticas sobre estas dos obras son implacables. Muchos descargan toda la responsabilidad en Wallez, pues no sólo era el jefe de Hergé, sino que, además, ejercía una profunda influencia sobre el joven ilustrador. Sin embargo, de lo que no se puede eximir a Hergé es de la falta de rigurosidad al momento de escribir sobre lugares que no conocía y de los que sólo tenía vagas referencias producto de lecturas precarias y prejuicios adquiridos. Mientras Hergé se quedaba en Bruselas dibujando, Tintín recorría el mundo semanalmente en tiras cómicas que se vendían masivamente en Bélgica y Francia. Esta recepción es la que resulta problemática y ha mantenido abierto el debate por décadas: ¿es legítimo reproducir los estigmas ideológicos en productos culturales cuya audiencia principal son los niños y los jóvenes?  

No creo que deba ponerse una cinta de peligro en la portada de Las aventuras de Tintín para advertir a los jóvenes de las “consecuencias” que tendría su lectura. Pienso que podría usarse de manera pedagógica en los colegios para mostrar el problema de las percepciones o los estereotipos, y en las clases de historia puede servir para hablar del uso de fuentes. También podría incluirse una introducción al comienzo del libro que permita comprender el momento histórico en qué se produce la obra, así como la compleja relación entre Hergé y el abad Wallez.  

Esta mirada colonial podría contrastarse con otros relatos que, a comienzos del siglo XX, denunciaban el horror y la crueldad belga en el país africano. Joseph Conrad, en El corazón de las tinieblas (1900), habla del infierno: a medida que Marlow, protagonista de la novela, avanza por el río en busca de Kurtz, la barbarie producto de la esclavitud se profundiza. Ser testigo de ese horror deja en Marlow una marca en su mirada por el resto de su vida: “Parecía llevar en el corazón una inmensa oscuridad”. Años después, Roger Casement, publica Informe sobre el Congo (1904). A diferencia de Conrad, éste no se centra en la degradación del alma humana, sino en la institución colonial como el principal problema. Casement ve en la colonia un modelo normativo que permite e incentiva la crueldad contra los oprimidos en nombre de la civilización. Su informe muestra la esclavitud de millones de personas que extraían el caucho para la naciente industria automotriz. 

Joseph Conrad y Roger Casement fueron dos jóvenes que, fascinados por las novelas de aventura, los diarios de los viajeros y los relatos de los exploradores, buscaron puerto para comenzar lo que pensaban sería el inicio de sus vidas. Pero, al llegar al Congo, la fascinación se convirtió en horror. Por eso vale la pena preguntarnos: si Tintín hubiera ido al Congo, ¿qué hubiera dibujado?  

ANEXO: La muerte del sociólogo polaco Zygmunt Bauman deja un gran vacío en las ciencias sociales.

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