De  El espectador

Venezuela está más cerca que nunca de sacar a Maduro y su estela de corruptos, pero es seguro que no se irá sin dar la pelea. La pregunta es qué tan dura será.

Dos elementos son clave: el lado que tomarán los militares y la capacidad de negociación que tenga la oposición para ofrecerle suficientes garantías a Maduro y su cúpula de que no pagarán con cárcel sus fechorías. Algo parecido al proceso de paz en Colombia, incluida Cuba como garante.

La comunidad internacional ha usado todas las herramientas diplomáticas y económicas posibles para poner contra las cuerdas al mandatario de facto. Gran parte del mundo democrático no reconoce a Nicolás Maduro como presidente legítimo y respalda como presidente interino a Juan Guaidó. Esto significa, entre otras cosas, que si Maduro quiere llamar o visitar Colombia o EE. UU. nadie lo recibirá como jefe de Estado ni le permitirá mover dineros que le pertenecen a su nación.

Pero a pesar de la evidente destrucción del país y el histórico éxodo, algunos políticos de izquierda de América Latina, como AMLO, de México, y románticos en Europa, argumentan que lo que estamos viendo es un golpe de Estado contra Nicolás Maduro. Por eso tal vez sea bueno refrescarles la memoria.

Maduro se apoderó del Tribunal Supremo y cuando llegaron las elecciones de la Asamblea su partido perdió la mayoría. Con el Tribunal en el bolsillo mandó a desconocer el Legislativo, creó otro Congreso conformado por solo sus seguidores para pasar leyes y cuando llegó el turno para elecciones presidenciales vetó a los candidatos de la oposición. Con los tres poderes en su haber, llegó el momento de su juramentación, pero la Asamblea real, escogida por el pueblo, entendiendo que las presidenciales eran ilegítimas, hizo lo que dicta la Constitución y esto es nombrar como presidente interino de la nación al presidente de la Asamblea, y este es Juan Guaidó.

Gracias a la presión de la comunidad internacional, que dejó de ser una vergonzosa anécdota cómplice, Maduro es un presidente de sobra. Convertido en un paria mundial, intentará aferrarse con fuerza y violencia al Palacio de Miraflores. Pero hasta las ratas más salvajes prefieren escapar del acorralamiento si se les da un pequeño espacio, y ese hueco es el que debe crear inteligentemente el gobierno de Guaidó.

¿Debe haber elecciones inmediatamente? No con Maduro aún ejerciendo sus tentáculos dentro del aparato del Estado. Tibisay Lucena, del CNE, y todos los que han conformado la mafia electoral en el país deben ser apartados. Para unos comicios reales, el chavismo no puede ser Dios y parte. De lo contrario todo esto terminará en un oso internacional que atornille eternamente a Maduro.

Para reflexionar: Venezuela es un árbol en el bosque del ajedrez internacional que está jugando Rusia en el mundo, por eso el respaldo de Putin y la postura firme de EE. UU. No se debe perder la mirada objetiva de lo que está pasando en el bosque. Si Colombia no tiene un papel firme, como el que afortunadamente está jugando el presidente Duque, las cosas pueden ser mucho peor para nuestro país. En juego de grandes perdemos los pequeños.

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