De  elpais

Un helicóptero de rescate sobrevuela la zona afectada por la rotura de la presa. ADRIANO MACHADOREUTERS

Miles de vecinos en Brumadinho pasaron el día de hoy con el alma en vilo esperando noticias de la presa. Muchos, fuera de sus casas. Después de que el viernes se rompiera un dique dejando un rastro de muerte a su paso, se anunció que una segunda presa corría ayer el riesgo de romperse. Tras los trabajos para evitar el derrumbe de un nuevo dique, la alerta se levantó.

La alarma sonó a las cinco de la madrugada. «Nos despertamos y tuvimos que salir enseguida. Sólo tuve tiempo de coger un poco de ropa y la perra» cuenta a EL MUNDO Angela Paulino, de 31 años, acompañada de sus dos hijas, de 15 y 13 años. Era una de los cientos de familias que esperaba sin saber cuándo podrá volver a casa. Según los bomberos, son más de 3.000 evacuados. La mayoría de vecinos desalojados se empezó a concentrar en las zonas altas de la región antes del amanecer, pero los bomberos tenían dificultades en localizar a todos los habitantes que viven en zonas de riesgo. Hay cientos de casas desperdigadas en el campo, y no son pocos los que se resisten a salir.

«Hay gente que cree que no va a llegar a su casa, pero cuando baja, es una fuerza incontrolable. El barro aplastó vagones de tren, los lanzó uno encima del otro. Hay gente que no tiene noción del peligro», cuenta Iuri Alves, de 22 años, otro de los desalojados. El viernes, salvó su vida de milagro. Trabajaba como vigilante de seguridad en el recinto del dique que reventó, pero por suerte, tenía turno de noche. «Salí de allí a las 7.00 de la mañana y le pasé el relevo a mi colega, la chica que asumió mi lugar. Al mediodía la llamé, pero ya no contestó, no tenemos noticias de ella».

Brumadinho aún no ha asimilado el impacto de la ola de barro que provocó al menos 37 muertos y dejó 287 desaparecidos, y ya tuvo que lidiar con el miedo a un nuevo desastre. «Parece que está claro que ese otro dique también se va a romper. El barro de la primera vez era denso, bajó poco a poco. Teóricamente no causó tanto daño, pero si ahora es agua pura reblandecerá el barro y bajará con mucha más violencia», comentaba Mario Lucio, que ya perdió parte del terreno de su casa. Su jardín y su huerto yacen debajo de una pared de seis metros de fango.

Para evitar ese posible nuevo tsunami, técnicos de Vale trabajaron horas drenando la balsa con bombas hidráulicas. Según los bomberos, alberga 840.000 metros cúbicos de agua y en caso de romperse, el barro llegaría al río Paraopeba, que abastece a varias ciudades vecinas. Se calcula que más de 24.000 personas podrían quedarse sin suministro de agua. A media tarde, portavoces de Defensa Civil anunciaron que había bajado el nivel de riesgo de ruptura de la segunda presa y que se suspendían temporalmente las labores de evacuación. Así, los equipos de rescate retomaron la búsqueda de desaparecidos.

A pesar del peligro, algunos vecinos y curiosos desoyeron las órdenes para dejar las áreas más vulnerables. En la zona conocida como parque da Cachoeira, que quedó arrasada con la primera avalancha, Angelo Silva y sus amigos encontraron un cadáver en el barro. «Vimos el cuerpo a través del objetivo de la cámara, porque está muy lejos. Parece un cuerpo de mujer. Es muy impactante, esto es una catástrofe de verdad».

Poco después, consiguieron contactar con los bomberos haciendo señas a los helicópteros que sobrevuelan la zona y llegaron los equipos de rescate. Para acceder al lugar hay que atravesar un amasijo de tejas y paredes destrozadas. El sofá de la casa está ahora en el tejado, y una moto quedó aplastada entre los tabiques y las ramas de un árbol. Son los restos de una casa que se llamaba Sonho meu (Mi sueño).

A medida que pasa el tiempo es más difícil encontrar supervivientes, pero según los bomberos, aún hay esperanzas. El presidente, Jair Bolsonaro, que sobrevoló la zona afectada la mañana del sábado, anunció la llegada de 140 militares procedentes de Israel, con 16 toneladas de equipamientos de alta tecnología para intentar encontrar personas con vida.

Los familiares de los desaparecidos están desesperados por la falta de información, que llega en cuentagotas y muchas veces es contradictoria. Willian Martins, de 22 años, no sabe si su hermana de 16 años está muerta o herida en un hospital de Belo Horizonte. «Me han dicho que allí hay una chica joven castaña, bajita, que fue rescatada en la zona. Creo que puede ser ella», afirmó.

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