De  okdiario

En los felices años 60 del siglo pasado –como quien dice, ayer por la tarde–, la agricultura tenía un peso en la economía española del 22,3% sobre el producto interior bruto; la industria representaba el 28,7%; la construcción el 5,5% y los servicios suponían el 43,5% de nuestro PIB. Por aquel entonces, el empleo, obviamente, se adecuaba al peso de cada sector económico y así la agricultura era muy intensiva en mano de obra –el campo todavía no había entrado en su fase automatización– absorbiendo el 40,5% del empleo; la industria contrataba al 23,5% de los empleados; un 6,7% del empleo lo hacía en la construcción y los servicios daban trabajo al 29,2% de la población activa ocupada.

Con el paso de los años, la agricultura fue perdiendo peso tanto en su contribución al PIB como en el peso del empleo y en 2017 –para no ir recalando en el detalle de cada década– aportaba el 2,7% y solo daba trabajo al 4% de la gente. La pérdida de protagonismo de la industria es relevante: en 2017, incluyendo el sector de la energía, es del 16,3% de nuestro PIB y sólo absorbe el 14% del empleo. Entretanto, la construcción, cuya influencia en el PIB de 2017 más o menos permanece al mismo nivel que en 1960, con el 5,6%, tiene un peso porcentual sobre el empleo del 6%. ¿Qué acontece con el sector servicios? España ha ido avanzando como un país de servicios, con las lógicas dudas acerca de su calidad, y en 2017 representan, junto con el comercio, el 66,1% de nuestra economía. Este marcado avance de los servicios ha comportado que al acabar 2017, los mismos concentren el 76% del empleo.

El empleo en España va de aquella manera, concluyendo el mes de diciembre con 18.914.563 afiliados ocupados a la Seguridad Social y con una tasa de paro en noviembre, según Eurostat, del 14,7% sobre la población activa. De hecho, para los optimistas, las cifras del mercado laboral rozan ya los niveles precrisis, con lo cual se da a entender que estamos recuperando las posiciones después de una serie de años rotundamente angustiosos.

Pero una gran parte de los trabajadores están enrolados en el sector servicios que está en trance de superar los niveles precrisis en un porcentaje por encima del 7%. Sin ir más lejos, en Cataluña los servicios suponen algo más del 73% de todos los empleos. En cambio, el trabajo en la industria se sitúa en torno al 17% por debajo de los niveles precrisis.  ¿Cómo debe interpretarse esta tendencia? Simplemente, en que es la terciarización de la economía la que dinamiza el frente laboral, aunque hemos de ser conscientes que es ahí donde se concentra la mayor precarización, los sueldos más ajustados y los empleos más inestables. Por el contrario, la industria, sector sólido en cualquier economía que tenga a gala exhibir todo su músculo, retrocede en cuanto a su peso en el empleo y si bien cabe pensar en que crecerá, es improbable que lo haga retomando el empuje de antaño. El progreso tecnológico, la automatización, la robotización, la aún en ciernes inteligencia artificial, permiten mayores cotas de productividad con menos efectivos humanos a la vez que exigen una adecuada cualificación y actualización por parte de los trabajadores.

En todo caso, es indudable, tal y como se ve en la tabla siguiente, el poco ímpetu que denota en España la industria manufacturera en cuanto a su contribución al PIB.

Industria manufacturera en cuanto a su contribución al PIB.
Industria manufacturera en cuanto a su contribución al PIB.

El reto de la industrialización para potenciar la calidad de nuestra economía, con aquel señuelo proclamado desde las altas instancias políticas y gubernamentales, de que en España en el año 2020 el 20% de nuestro PIB respondería al sector industrial, más que una utopía se antoja como pura quimera. Sinceramente, será difícil que la economía española coja propulsión con un porcentaje tan liviano de la industria manufacturera en el PIB. Otra consideración es la correspondiente al clásico sector del comercio y su capacidad para ir generando empleo, cuestión ésta que ante el auge arrollador del comercio electrónico se atisba más bien en clave negativa.

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