De  El espectador

Uno de los asuntos más importantes hoy por hoy es la estabilidad del Estado. Si bien hay un maremágnum de temas de corto y mediano plazo propios del Gobierno y de la política, estamos dejando de lado, nuevamente, los asuntos realmente importantes para el Estado. Sé que decirlo es fácil y sé también que no es bueno criticar, en lugar de ello prefiero contribuir. Por ello es bueno que nos demos cuenta que debemos redireccionar el debate público en los temas estratégicos del Estado.

Sé que es muy difícil no hablar del conflicto actual con la guerrilla, de los efectos del caos político del vecino país, de los impactos de la guerra comercial entre China y EEE.UU., pero sino direccionamos la discusión a los temas estratégicos de Estado pagaremos las consecuencias más pronto que tarde. La discusión de estos asuntos nos seduce, a unos más que a otros dependiendo del juego y la seducción de su relevancia individual. Por un lado, a los amigos de la guerra que atizan el fuego con las críticas a ambos lados de cara a buscar no cometer los mismos errores ya cometidos con las FARC. Debe haber una agenda ya trazada para aprontar este asunto con el ELN. Por otro lado, tomar una posición o bando en el caso de Venezuela buscando lo que no se nos ha perdido. Contrario a ello y para evitar la discusión de fondo, sería relevante que el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial se centrasen en la construcción de un mejor porvenir para las siguientes generaciones.

Con esto es necesario que el Ejecutivo juegue un papel protagónico, pero para el largo plazo. Estoy convencido que si el gobierno actual y su gabinete se centra en las promesas de campaña, por ejemplo al énfasis de la economía naranja, seguramente sería recordado por ser un gobierno estratega. Si por el contrario se dedica a tratar de mejorar su desgastada imagen lo puede llevar a una lucha por la supervivencia que seguramente nadie recordará en el futuro, pasaría incluso sin pena ni gloria. De parte del legislativo, en lugar de seguir buscando la fama de corto plazo debería estar trabajando en pro de la presentación de reformas estructurales y porque no trabajarlas conjuntamente con el ejecutivo. Pero de eso parece que no se vislumbran iniciativas lógicas. De parte del poder judicial, es bien conocido que una reforma a la justicia debe ser objeto de análisis y de construcción conjunta, incluso con los ciudadanos.

La reforma que necesita el Estado es una que sea estructural. Una en la que se busque la sostenibilidad económica debe ser la tarea de los actuales líderes de los tres poderes y de los ciudadanos. Buscar con esta reforma estructural una independencia por fin de factores externos (volatilidad de los precios internacionales de los commodities) debe ser uno de los principales focos de atención. Para ello es necesario que se fortalezca y se equilibre la dependencia de los bienes primarios de la economía (materias primas o commodities).

Por eso es necesario que el país se industrialice de manera sistemática y por fin tenga un salto significativo. Con ello se podrá provocar un equilibrio entre los bienes primarios (materia prima) y la transformación industrial de los mismos (bienes secundarios) de cara al consumo en la arena local e internacional con la ya conocida globalización en la que estamos embebidos. Por último y no menos importante, es necesario que el Estado tenga los recursos y no solo económico para hacer que esta reforma sea perdurable. Para ello es necesario que los ciudadanos se capaciten en áreas en las que se enfoquen los esfuerzos económicos. Por ello la reforma que se plantee debe acompañarse de una reforma profunda a la educación. Con ello no solo se facilita la viabilidad de la reforma estructural, sino que se alimenta el desarrollo de bienes terciarios lo son los bienes y servicios.

En twitter @JnicaV

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