De  El espectador

Hace poco, cuando un inmigrante venezolano cometió en Ecuador un crimen calificado de manera unánime como feminicidio, el presidente Lenin Moreno trinó que iba a conformar brigadas “para controlar la situación legal de los inmigrantes venezolanos “, y anunció que desde ahora les exigirá el certificado judicial para entrar al país, algo imposible de obtener por las condiciones de Venezuela. Así, Moreno manipuló el hecho, atizó la xenofobia y se mostró como un hombre sin generosidad ni grandeza frente al doloroso éxodo de los venezolanos.

La reacción ante un hecho grave e intempestivo mide la calidad humana de quien responde. Frente al cobarde atentado a la Escuela de Cadetes de Policía, la respuesta del Eln fue primero confusa y luego alevosa. Aunque algunos de los cabecillas de ese movimiento declararon que el atentado los tomó por sorpresa —lo cual confirmó que este grupo guerrillero está escindido, y que los terroristas pertenecen al grupo de “Pablito”, quien siempre ha estado en contra de los diálogos con el Gobierno—, esa guerrilla se adjudicó el atentado y lo justificó como una acción “lícita dentro del derecho de la guerra” y ejecutada en “legítima defensa”. La respuesta del Eln los mostró como lo que son: un grupo desconectado del sentir ciudadano, arrogante, guerrerista y deshumanizado. Y la cúpula desperdició la oportunidad de señalar como criminal a la disidencia y de reiterar sus deseos de diálogo.

El trino de Álvaro Uribe (“Qué grave que la Paz hubiera sido un proceso de sometimiento del Estado al terrorismo”) fue impulsivo, insolidario con las víctimas, retaliador y cargado de odio, como él mismo. La respuesta del presidente Duque y de su equipo, por su parte, fue oportuna y firme, pero completamente desenfocada e irresponsable. Porque ignorar los protocolos firmados no sólo revela ignorancia jurídica, sino que es una falta de respeto con los países garantes y un antecedente funesto que nos hace perder credibilidad a nivel internacional. Es, además, un gesto populista para complacer al ciudadano indignado, que quisiera con toda la razón ver a los miembros del Eln en la cárcel, pero también un llamado a la reanudación de la guerra. Como siempre, Duque termina ejecutando, con cara de ecuanimidad, las políticas guerreristas de su jefe.

La respuesta del fiscal de la Nación pareció muy rápida y efectiva, pero pronto empezó a hacerse evidente que lo que dijo, muy de acuerdo con su talante, fueron verdades a medias. Los videos parecen indicar que no hubo tal perro ni entrada por la fuerza, y lo de que el avezado terrorista, experto en explosivos, se inmoló, resulta poco creíble. Y hay otras dudas. Las verdades a medias socavan la credibilidad en las investigaciones, sobre todo cuando el país ha sido testigo de cientos de falsos positivos y de muchas falsas imputaciones, como la que hizo el DAS a Correa de Andréis, que ocasionó su asesinato, o las que hicieron a Júbiz Hazbún como supuesto cómplice del asesinato de Galán y que lo llevaron injustamente a la cárcel. Ahora que vendrán otras detenciones, es importante que haya pruebas y verdades meridianas, para no sumarle al sacrificio de los jóvenes cadetes posibles injusticias, todo con tal de mostrar resultados.

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