De  El espectador

La concentración de los mercados digitales les da a estas empresas un poder inconmensurable, debido a fenómenos como la externalidad y las economías de escala: son demasiado grandes y cada vez agregan más usuarios, gracias a la aparente gratuidad de muchos de sus servicios.

En días pasados este diario publicó un interesante artículo de Jean Tirole, Nobel de Economía de 2014, sobre el futuro de la regulación de los mercados digitales. Las empresas tecnológicas Facebook, Apple, Google, Amazon y Microsoft, las más exitosas en la historia de la economía en términos de ingresos y alcance global, ejercen un poder cuyos efectos apenas se están entendiendo y frente al cual la regulación es errática e incipiente.

La concentración de los mercados digitales les da a estas empresas un poder inconmensurable, debido a fenómenos como la externalidad y las economías de escala: son demasiado grandes y cada vez agregan más usuarios, gracias a la aparente gratuidad de muchos de sus servicios.

Google empezó siendo un motor de búsqueda y Amazon, un vendedor de libros, a partir de lo cual adquirieron un poder dominante cuyos alcances son imposibles de prever.

En el mundo digital cada día nacen muchos emprendimientos que tienen como destino venderse a los gigantes, lo cual, aparte de reducir la competencia, crea fenómenos de mercado de imprevisibles consecuencias. Casos como Facebook adquiriendo a WhatsApp e Instagram y Google, a Waze, demuestran que, a pesar de la innovación tecnológica, son muy pocas las posibilidades de que en el corto plazo surjan nuevas empresas que puedan competir en el mundo digital.

Según Tirole, los reguladores nunca habían tenido un reto de estas dimensiones. En un mundo de empresas globales sin una autoridad reguladora, cuestiones como el autoempleo, la privacidad, el derecho al olvido y otras tantas tendrán que ser resueltas con un alcance supranacional. No es simplemente un asunto económico, es una cuestión de supremacía global.

La defensa de la competencia, la protección de los derechos de los trabajadores, la privacidad y la tributación exigen crear una nueva dimensión de la regulación con alcances supranacionales. Infortunadamente, la guerra comercial y las diferencias ideológicas impedirán que en el corto plazo surja un marco normativo que se adecúe a las nuevas realidades.

El llamado de Tirole es iluminante: “Los reguladores y los economistas deben ser humildes, ya que aprenderán con la práctica, y no deben instituir políticas de una vez y para siempre”.

@jcgomez_j

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