De  elpais

Morata, durante su primera sesión como jugador del Atlético, este lunes. Ángel GutiérrezAtlético de Madrid

Tras un desenlace más plomizo que una prórroga en un amistoso, Morata ya es del Atleti y ahora llega lo interesante: ver cómo le sale a Simeone la apuesta más arriesgada de su reinado por lo que supone en el campo y en la grada.

La pequeña guerra civil entre los aficionados, promovida en redes sociales y escenificada públicamente con el cruce de cánticos y pitos del sábado en el Metropolitano, es un duelo de tópicos fácilmente desmontables. Quienes defienden el fichaje repiten como un mantra tres argumentos que no resisten el envite de una leve brisa:

« Lo ha pedido el Cholo y con eso basta ». No, no basta. O al menos no basta como garantía de acierto. Si me quieren convencer de que hay que darle a Simeone lo que pida, porque es la manera más sencilla de que no se vaya nunca, vale. Lo compro. Pero como quien invita a la ópera para ver si así liga, no porque la ópera sea la hostia. La labor del argentino como técnico y líder en esta Edad de Oro rojiblanca es imposible de definir sin caer en la grandilocuencia, pero si en algo ha cometido errores es fichando. Dos de sus tres mayores empeños fracasaron (Vietto y Gaitán) y el tercero, Vitolo, aún está pendiente de evaluación definitiva. Si en algo la palabra de Simeone no basta al cien por cien es en esto.

« Juanfran, Filipe y tantos otros también tuvieron pasado madridista y no pasó nada ». Ya, pero no todo el que entra en un bar acaba siendo un borracho. Lo que se achaca a Morata no es que jugase en el Madrid, son ciertos gestos despectivos hacia el Atleti, sobre todo aquel cántico en el balcón de la Comunidad tras la final de Lisboa, cuando agarró el micro para gritar: « Que se enteren los indios quién manda en la capital ». Como si, justo en aquellos días, no lo tuviésemos suficiente y dolorosamente claro. Eso no lo hicieron Juanfran, Filipe, Schuster ni ningún otro que se les ocurra. Y eso, por más que ahora lo edulcore su amplio batallón de periodistas afines hablando de su pasado y su sentimiento atlético, es normal que duela a aquellos aficionados que aún (benditos ingenuos) siguen creyendo en los sentimientos del futbolista.

« Cuando un jugador se pone la rojiblanca, es uno de los nuestros, se le anima y punto ». No sé, a ver, pregúntenle a Griezmann que venía de meter dos goles en una final… Por suerte, el fútbol es algo más que dos y dos.

Conclusión: los que no quieren a Morata tienen sus motivos y no es un berrinche caprichoso. El problema, o la bendición, es que el crecimiento del Atlético en los últimos años exige saber medir hasta dónde apretar con el sentimiento, si se desea (y se desea) seguir en la élite. ¿De verdad hubiera compensado espantar a Griezmann por haber flirteado con otro y perderse al descomunal jugador que disfruta el Atleti cada semana? No. No me quiten al francés nunca, háganme el favor, aunque se ponga a bailar jotas en el punto de penalti.

¿Se sostiene el cántico que abrió las hostilidades el sábado: « Menos Morata y más Borja Garcés« ? Tampoco, porque el Atleti este año quiere ganar la Champions. Repito: ganar la Champions. Y para eso necesita unas garantías que un juvenil (y las sensaciones de Garcés y Mollejo son magníficas) no le da. De hecho, ese cántico, por bienintencionado que sea, para quien más injusto resulta es para el chaval, que se ve metido en una guerra que no puede ganar.

Normalmente, cuanto más romántica es una historia, menos real. Gabi, Torres, Koke o Saúl son la excepción: sentimiento de hincha más talento de estrella es una combinación improbable y esporádica. La obligación del club es rodearles de mercenarios que se encarguen del sexo mientras ellos ponen el amor. Si Morata viene, con perdón, a hincharse a follar, bienvenido sea. Los abrazos, que me los dé Koke. Ahora bien, si es casto y puro…

Y aquí saltamos a lo deportivo que, como siempre, dictará el vencedor en esta guerra. ¿Es Morata el delantero que necesita el Atleti? Sí y no. No lo sabemos. No lo sabe ni él. Porque, ¿quién es Morata? ¿Es el futbolista que vemos o el que imaginamos (sobre todo Simeone)? Salvo unos buenos meses en la Juventus y un buen año como suplente sobrecualificado en el Madrid, nunca ha sido el delantero que su potencial, su fama y su precio dictan. El Cholo está convencido de que él puede poner en orden todas esas cualidades que anuncian un gran nueve, pero hay cierto regusto a Vietto (talento con tendencia a la inseguridad en un entorno extremadamente exigente) que inquieta.

Si su cabeza aguanta el reto, mayúsculo si vuelve sano un Diego Costa que (hoy por hoy) es mejor delantero que él, está ante una gran oportunidad porque, no nos engañemos, el plan del Atleti es que él siga y Costa se vaya. Las condiciones y el respaldo del técnico las tiene. ¿Tendrá la personalidad y el rendimiento tangible? Veremos. El ganador de una pequeña guerra civil depende de esa respuesta. Y no se dejen engañar por los corifeos ni por los ofendidos: nadie lo sabe. Ni siquiera Simeone. Nunca se dedicó tanto tiempo a hablar tanto de un futbolista del que aún se sabe tan poco. Morata es un enigma. ¿Resoluble? El Cholo dirá.

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