De  elmundo

Benzema se lamenta tras fracturarse el dedo meñique de la mano derecha en el Villamarín. REUTERS

Santiago Solari ha pasado en poco tiempo de entrenar en Segunda B a conducir a un Real Madrid cargado de matices, en mitad de una temporada de curvas cerradas, baches y problemas mecánicos. Ni en el Dakar. El argentino, en mitad de tanta duna, intenta demostrar personalidad y también imaginación para ir adaptando a su equipo a las distintas superficies. Este domingo salvó una cita envenenada, con casi todo en contra. De una nueva lesión, la de Benzema, a la discutible intervención (esta vez sí fue utilizado) del VAR, que convirtió en gol legal el anulado por el árbitro a Canales por fuera de juego. Tres puntos vitales para el argentino, más presionado y observado que nunca por las circunstancias adversas y por sus giros tácticos.

«Hicimos un partido muy serio», suspiró al final. En el Villamarín aparcó su sistema habitual, el 4-3-3, para reconstruir su once en función de las numerosas bajas que acumulaba. Esta vez, ante un Betis de pelotera fama, los blancos comparecieron pertrechados en el centro del campo, con los laterales (Carvajal y Reguilón) a mitad de camino entre la zaga y la medular, según soplara el viento. «Son decisiones puntuales», explicó cuando le interrogaron por los tres centrales y los cero minutos de Isco y Marcelo. El malagueño quedó en el banquillo, por detrás de Cristo y Brahim. «De ninguna manera hay algo personal», despejó el entrenador.

Fractura en el meñique de Benzema

Arriba, Solari logró salvar a Vinicius tras unas jornadas de gripe. No quiso el brasileño perder su momento. El chico levantó la mano para liderar el ataque de los suyos en un arranque donde el Madrid volvió a echar de menos mayor eficacia ante la portería. Para su desgracia, del descanso volvió con una baja más, otra grave. Karim Benzema no se recuperó de una fea torcedura en el dedo meñique de su mano derecha. Sufre una rotura. Su puesto fue para el canterano Cristo González, de estreno en Primera División.

Pronto combinó con Vinicius y Reguilón rumbo a la portería de Pau López. Parecía un ataque del Castilla en El Toralín, pero no, era el del actual campeón de Europa. Al poco rato, con el Madrid encajado atrás, el Betis empató en una polémica jugada, que volverá a incendiar el debate sobre el impredecible uso del VAR. Después de verse perjudicado la semana anterior, en un penalti sobre Vinicius que no vieron ni el colegiado ni sus asistentes televisivos, este domingo el equipo de Solari volvió a quedarse con cara rara cuando el nuevo sistema de ayuda arbitral corrigió la decisión de Hernández Hernández de anular el gol de Canales por fuera de juego.

« Se lo pedí a Sergio »

Las repeticiones de la retransmisión no aclaraban un movimiento al límite, de centímetros, cuya validación sólo se entiende en el caso de que el VAR dispusiera de una toma mejor que la de los espectadores en Movistar. Hernández Hernández confió en el criterio de Undiano Mallenco, el responsable en la sala de control. El Madrid quedó muy tocado, sin la pelota y con una línea ofensiva juvenil. Parecía condenado a otro tropiezo liguero, el que le tiraría por el barranco de la clasificación.

Pero los blancos encontraron fortuna al final, en esos minutos donde no hace mucho eran capaces hasta de ganar Copas de Europa. Fue el ex bético Dani Ceballos quien marcó el gol de la victoria en astuto lanzamiento. Le echó valentía para quitarle la falta al capitán. «Me veía con confianza, tenía ganas de reivindicarme. Se lo pedí a Sergio. Lo habíamos hablado durante la semana y me dijo que iba a marcar». El canterano del Betis pidió perdón por el 1-2, bajo el chaparrón de pitos del estadio. Acabó bastante triste. «No me esperaba este recibimiento. Me voy con una sensación agridulce por no recibir el cariño de la que ha sido mi casa durante tantos años».

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