De  elmundo

Willian José (d) celebra su segundo gol ante el Espanyol. Juan HerreroEFE

Nada en esta Real Sociedad es sencillo. Para todo necesita fórceps el conjunto donostiarra esta temporada en la que la inestabilidad le ha sumergido en un carrusel de emociones contrapuestas. Para ganar en Anoeta, el peor local como era hasta ahora, ha de hacerlo dos veces en un mismo partido. Aunque tenga en Imanol Alguacil un talismán infalible, pleno de victorias como local (cuatro de cuatro) en su anterior etapa en el banquillo ‘txuriurdin’, una racha que prolongó frente a un Espanyol que vuelve a las andadas. [Narración y estadísticas: 3-2]

Tuvo de todo el partido que cerraba la primera vuelta de la Liga. Cinco goles, incluyendo uno de penalti y otro en propia puerta, ración de VAR, una expulsión y hasta el debut de un juvenil llamado Roberto López en el que la Real tiene depositadas grandes esperanzas de cara al futuro. Fue el broche perfecto para los locales, que dejan el descenso a seis puntos y suman su segunda victoria consecutiva, tras imponerse el día de Reyes en el Bernabéu.

Peores sensaciones deja el encuentro para el Espanyol. El equipo de Rubi se encontró enseguida con la obligación de sobreponerse a una puesta en escena portentosa de la Real. O a una empanada propia de enormes dimensiones, según como se vea. El caso es que a los tres minutos el equipo de Alguacil ya se había adelantado en el marcador, gracias a un tanto de Mikel Merino, que aprovechó el rechace de un cabezazo de Willian José al palo tras un córner.

Penalti señalado por el VAR

Lejos de espabilar, el Espanyol se puso histérico tras el primer tanto. Balón que tocaba, balón que perdía. Y si no lo perdía, podía ser todavía peor. Véase el ejemplo del segundo gol, en el que la zaga perica sacó el balón del área después de una clara mano de David López. El VAR, cuando más discutido está (porque falla, o no, en los partidos del Madrid, no por otra cosa), salvó a Del Cerro Grande y decretó la pena máxima. Willian José no falló.

A los ocho minutos, en fin, la Real ya había colocado el 2-0 en el marcador y se preparaba para una noche que presumía cómoda. Dominaba el resultado y el partido, buscando las internadas de Januzaj por la derecha y aprovechando el desconcierto táctico en el que parecían sumidos los de Rubi. Visto con perspectiva, fue imperdonable que la Real no aprovechara esos minutos para afianzar su ventaja.

Porque el Espanyol no compareció en el partido hasta pasada media hora, cuando un disparo de Borja Iglesias golpeó en un defensa antes de irse por la línea de fondo. Y en ese córner encontraron los catalanes el paraguas para frenar la tormenta. El cabezazo de Naldo a la escuadra fue inapelable y puso el prólogo para un partido muy diferente.

Partido reseteado

La Real vio cómo, de repente, su dominio territorial se evaporó. Marc Roca encontró espacio para desarrollar su fútbol y el Espanyol empezó a crecer hasta empatar el partido en una jugada desgraciada para los locales, ya en el descuento de la primera mitad. Baptistao, en el área pequeña, remató muy forzado al larguero y en el rechace el balón golpeó en Llorente para, esta vez sí, entrar en la portería.

El partido se había reseteado de cara a la segunda mitad. Nada de lo visto valía, ni el gran inicio local ni la remontada visitante. Se imponía el miedo, al menos la mesura, entre dos equipos que no querían más viajes en el tiovivo. El gol habría de llegar, si llegaba, en alguna jugada aislada, como así fue. Un centro de Merino por delante de la defensa, sin demasiado peligro a priori, lo cazó Willian José en escorzo en el segundo palo para volver a adelantar a la Real.

Faltaba aún media hora de partido en la que los locales activaron la fase de repliegue. Más todavía tras la expulsión por doble amarilla de Merino, que rellenó todas las casillas en su ficha del partido: gol, asistencia, error en un gol ajeno (el de Naldo) y roja. En superioridad, el Espanyol se volcó hacia el área de Rulli y cazó varios balones de cabeza, pero no logró volver a empatar. Había muerto dos veces y sólo tenía licencia para una resurrección.

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