De  El espectador

Ante las marchas de 2017, luego de 17 años de chavismo, la dictadura  buscó legitimarse con su constituyente y la reelección de Maduro. La Asamblea Nacional, última expresión legítima de la voluntad ciudadana, ha reaccionado ahora con el apoyo de la comunidad internacional, que no parece suficiente para  presionar su renuncia  pero sí para forzarlo  a convocar unas elecciones  transparentes. En el entretanto, cualquier cosa puede pasar.

En democracia, cuando los gobiernos no funcionan se cambian. En las dictaduras se reprime o se  buscan disculpas, hasta que  se acaban o la ciudadanía ejerce la presión suficiente. El desastre de Venezuela, con casi 4 millones de exiliados en un breve periodo, pareciera no aceptar más disculpas o espera. Pero  la diáspora le ha servido al régimen como válvula de desfogue: si se hubiesen quedado esos ciudadanos la presión sería mucho mayor.

El contraataque de la asamblea nacional, iniciado con la elevación de Juan Guaidó, como afirmábamos en una columna anterior  ha dado paso a  una nueva coyuntura. En ella la comunidad internacional ha asumido importantes funciones con la iniciativa del grupo de Lima, la OEA y  Estados Unidos. A la espera de una decisión consensuada de la Unión Europea, España, Francia y Alemania han otorgado un término de ocho días al régimen para convocar elecciones.

Pero la comunidad internacional, siendo muy importante,  no puede sustituir a una ciudadanía amedrentada por las  fuerzas armadas que sostienen a Maduro. Como nunca antes el régimen se ha visto forzado a “comportarse” y ofrecer un diálogo más, hasta ahora subestimado por el mismo Guaidó, quien quiere hablar solamente de nuevas elecciones y  observa crecer día a día el respaldo internacional.

Maduro sabe que la oposición democrática ha logrado llevar las cosas a unas alturas desde las que se puede caer, corriendo la misma suerte que tarde o temprano afrontan todos los dictadores. Con inusitada habilidad y sorprendido por los hechos, trata de ganar tiempo privilegiando, por ahora, la opción de ofrecer diálogos otra vez, a la de la pura y dura represión. Él, quien lleva lo que está en el poder amenazando con una guerra a Colombia, al sentir pasos de “animal grande”, aunque no deja de reemplazar ideas con ofensas, insiste en que la intromisión, y no sus hechos, el caos y el hambre, pueden llevarnos a una confrontación fratricida que, en realidad, nadie en Colombia quiere.

Los  últimos  cuatro hitos hasta llegar a este momento han sido1) La derrota del gobierno en las elecciones de la Asamblea Nacional;2) La convocatoria y realización de la llamada constituyente, por parte del gobierno, para desconocer su derrota y nombrar una Asamblea paralela;3) La reelección de Maduro en unas elecciones espurias, luego de amordazar y encarcelar a los dirigentes de la oposición , y 4) La decisión de la Asamblea Nacional de nombrar a Guaidó presidente en funciones para obtener un carácter ejecutivo de sus decisiones y establecer un poder paralelo al de Maduro, lo que ha permitido la renovada acción de la comunidad internacional y busca llevar a las Fuerzas Armadas a preguntarse cuál es el poder legítimo.

Una mirada a los intereses de los países involucrados revela que a Trump, tan despreocupado por lo que ocurra abajo del proyectado muro, además de las reservas de petróleo  lo motiva el electorado republicano y la presión del exilio cubano de Florida; a la Unión Europea, con una sólida tradición democrática y de respeto por las libertades y los derechos humanos, la alianza de Putin con Maduro; a China, un jugador cada vez más pragmático, la enorme deuda que ha contraído el régimen con ella; y a Putin el fortalecimiento de su posición estratégica, creando un contrafuerte a sus excesos en América.

Los demócratas del mundo esperan que la presión aumente hasta que Maduro, quien se ha sostenido con su estrategia de  constituyente, nuevamente se equivoque, cosa que hace con frecuencia. Como están las cosas, dependerá  de las Fuerzas Armadas, las que deben llevarle a la realización de elecciones, que no deje más desastres en su impostergable  retirada. No se trata de una conspiración; se trata de un desastroso  y abusivo gobierno que ni los venezolanos ni el mundo soportan por más tiempo.

@herejesyluis

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