De  El espectador

Así algunos sostengan que tengo una obsesión con Twitter, hoy nuevamente me referiré a esa cloaca. Y lo haré advirtiendo que lo que diré molestará a muchos.

Esta red les ha hecho enorme daño a las democracias en general. Algunos sostienen que, por el contrario, ha servido para democratizar la información dándoles herramientas para opinar a quienes antes no tenían canales de comunicación.

Eso es cierto, pero no por eso es una red buena para la democracia. Hay, por supuesto, toda clase de personas: positivas, propositivas y destructivas. Pero lo cierto es que una gran mayoría se dedican a destrozar, criticar, insultar y amenazar.

No dudo que Twitter es útil para conocer, en ciertos casos, asuntos importantes tales como situaciones sociales complicadas, desaparición de personas, corrupción, tragedias…

Pero estos ejemplos son los que menos vemos, porque la red se ha llenado de personas que se dedican a joder por joder. En el ámbito colombiano se dedican a destruir absolutamente todo. Destruyen la honra de las personas sin escrúpulo.

Trato de entender cómo funciona la mente de algunos tuiteros. Es claro que la gran mayoría escriben sin pensar guiados por su estado de ánimo o las emociones por las que están atravesando. Rabia, envidia, odio o alegría, entre otros.

¡Qué daño el que le hace Twitter a un país como Colombia! Los resentidos destrozan a diario absolutamente todo. Al presidente y su gobierno, al procurador, al fiscal, al contralor, a los congresistas, a los jueces, a los medios, a los militares, a los curas, a los políticos, etcétera. Como se dice popularmente, no dejan títere con cabeza.

Y lo peor es que muchos líderes de opinión, con tal de alimentar su ego viendo cómo suben sus miles o millones de seguidores, se prestan para eso sin pensar en las terribles consecuencias que su estupidez le hace a mediano plazo al país. Hacen pues el papel de idiotas útiles de los millones de resentidos que trinan.

Lo decía en esta columna en julio de 2017 refiriéndome a Twitter: “Hay miles o tal vez millones de personas que tienen, literalmente, una vida de mierda, por lo que hacen o, precisamente, por lo que no hacen. Esos son los que más insultan. Los que tienen menos seguidores y que solo destilan sus propias heces y resentimientos en 140 caracteres. Pobrecitos, porque al final del día son ellos los que sufren, ya que se revuelcan en su propio estiércol materializado en unas pocas letras”.

Hoy estoy aun mucho más convencido de eso. Y quiero ser enfático en repetir que algunos personajes de la vida nacional, como políticos y periodistas respetables, han caído en ese peligroso y destructivo juego. Quisiera hacerles un llamado a la cordura, pero entiendo que esa la perdieron hace mucho tiempo.

Notícula. Lamentable lo que está pasando con el periodista-político Hollman Morris. Las denuncias sobre maltrato de su esposa y la defensa de Morris. Ojalá Hollman le haga caso a su jefe, el doctor Petro, y se tome un tiempo para recomponer su vida.

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