De  El espectador

Por Edgar Eduardo Cortés

Por varios años he sido asiduo lector del periódico El Espectador por la objetividad de su información, la calidad en el análisis de sus artículos, el profesionalismo y la capacidad de sus columnistas de opinión y, además, el valor del periódico al haberse sobrepuesto a ese vil atentado terrorista de la mafia, que acabó con sus instalaciones y la vida de su director, don Guillermo Cano, en esos años de terror, por sus denuncias contra Pablo Escobar. Pero nunca había visto un editorial tan descontextualizado y ajeno a la realidad como el del pasado jueves que se titula: “Alerta por lo que ocurre en el Erasmo Meoz”. ¿Cómo es posible que a un periódico del prestigio e importancia en el país como El Espectador literalmente le hayan “metido los dedos en la boca” para salir a publicar un editorial como el señalado? ¿Cómo no se tuvo el cuidado de confrontar previamente lo escrito en el editorial con lo que ha sucedido en el Erasmo Meoz en los últimos años?

La evidencia es muy sencilla, solo basta confrontar cómo estaba el Erasmo Meoz hace ocho años, antes de que Juan Agustín Ramírez asumiera la dirección, y la realidad del hospital hoy. La respuesta es elemental y fácilmente comprobable: hace ocho años la institución estaba al borde de la quiebra y había corrupción, porque el tentáculo de algunos políticos inescrupulosos logró permear el hospital a un punto de ponerlo al borde del desastre total. Hace ocho años a los médicos y proveedores llegaron a deberles hasta tres meses de sueldos atrasados en razón precisamente de ese desorden y caos administrativo que se vivía. Pues el actual director, Juan Ramírez, fue quien sacó al Erasmo Meoz de esa situación de cuidados intensivos en la que se encontraba el hospital, y lo que desconocen los periodistas de El Espectador es que estamos en un año electoral y algunos de esos políticos quieren volverse a tomar el Erasmo, pero para otros fines.

No conozco al doctor Carlos Martín Rojas, quien trabaja en la oficina de control interno y públicamente ha venido haciendo algunas denuncias, y seguramente tendrá sus razones para hacer esos señalamientos, pero igual y precisamente en razón de la oficina en la que trabaja, podrá constatar con mayor facilidad, por la información de que dispone, todas las ligerezas que sí existieron pero hace ocho años y tuvieron al hospital al borde la quiebra. No pretendo ni mucho menos actuar como abogado de oficio de Juan Agustín, y no deja de ser oportuno precisar que en los últimos días no ha existido ninguna comunicación entre los dos distinta a la de los encuentros, hace un mes, en el club propios de las fiestas de fin de año, pero de ahí a pretender desconocer la gestión adelantada por el director en los últimos años, a desconocer cómo rescató a la institución de la corrupción y de la politiquería de hace algunos años, es una infamia.

No me cabe duda de que muchas personas actualmente vinculadas al hospital saben que esta es la verdad, objetiva y verificable, e igual tengo la seguridad, por el profesionalismo de El Espectador, de que en esta columna sus periodistas encontrarán la evidencia de lo que era administrativamente el Erasmo hace ocho años y lo que es ahora, y podrán constatar que, previo al editorial escrito la semana pasada, es incuestionable que les hizo falta una mayor información.

Así mismo, con un poco más de evidencias, podrán constatar que el verdadero alcance de lo que está sucediendo es que estamos en un año electoral, y que si sus periodistas se informan un poco más de la realidad política de esta región, capturada por algunos políticos de prácticas no muy santas, podrán escribir eso sí varios editoriales que le informen al país lo que realmente se vive por aquí.

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