De  eltiempo

Las recientes fiestas de Navidad han hecho pasar desapercibido el 70.° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que creo conviene recordar en un momento de balances positivos en la perspectiva histórica, pero de zozobras en su aplicación y su defensa en diferentes regiones del mundo.

En la mitad de un siglo XX marcado por dos guerras mundiales y genocidios contra minorías, pueblos y Estados se movilizaron para hacer de los derechos humanos el cimiento de las naciones como “una sola comunidad humana”. Así, reunidos en París los miembros de la ONU, aprobaron el 9 de diciembre de 1948 la Convención para la Prevención y Represión del Genocidio, y al día siguiente, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre.

Posteriormente se añadió una segunda generación de derechos, los económicos, sociales y culturales (Desc), y en la Conferencia de Viena de 1993 se articuló otra tercera serie de derechos, los de la infancia, el medioambiente, a la ciudad y al desarrollo de los pueblos.

¿Cuál es el balance del ejercicio de los derechos humanos cuando conmemoramos siete décadas de su promulgación? A escala universal, en el camino de una humanidad que salía de terribles conflictos bélicos que, aun con un escenario básicamente europeo, se denominaron con razón ‘guerras mundiales’, la Declaración de 1948, como destaca Joaquín Estefanía, “es uno de los cénits de la dignidad humana, con sus avances, limitaciones y violaciones”. Estefanía destaca el correlato a partir de los DD. HH. de la idea de ‘ciudadanía’ en su triple dimensión civil, política y social.

El gran teórico italiano Norberto Bobbio, que titula precisamente una de sus obras ‘La edad de los derechos’, considera que se trata de una etapa en la “historia ascendente de la humanidad”; mientras que para Habermas, la Declaración de los Derechos Humanos es “una utopía realista”. En la memoria de estas últimas décadas, la defensa de los DD. HH. constituye sin duda una gran conquista, pero también una lucha permanente.

Ciertos sectores considerados ‘progresistas’ en algunos medios internacionales consideraron en algún momento que había que ‘relativizar’ la aplicación de los derechos humanos en función de diferencias culturales, ya que podrían ser una ‘imposición’ occidental. Nada más erróneo. Como señala el libanés Amin Maalouf, “ningún pueblo de la Tierra existe para que lo esclavicen, para que lo tiranicen, para la arbitrariedad, para la ignorancia, para el oscurantismo ni para la opresión de las mujeres”.

Sin embargo, en el panorama mundial, según el periodista estadounidense David Rieff (‘Foreign Policy’), “no hay ninguna duda de que el movimiento de los derechos humanos se enfrenta al mayor desafío desde su emergencia”. Cuando se trata de relaciones entre Estados, los derechos humanos quedan atrás respecto a los intereses económicos o geopolíticos. Hace pocos meses, Estados Unidos se retiró del Consejo de Derechos Humanos de la ONU argumentando descontento por el tratamiento a Israel.

Por lo demás, los DH. HH. son objeto de dura reivindicación en distintas zonas del mundo. En la nuestra, Nicaragua, Honduras, México… presentan cifras aterradoras de activistas abatidos durante su reivindicación.

En 2002, Noam Chomsky, al frente de una delegación de Amnistía Internacional, visitó en Colombia a Alfredo Vázquez Carrizosa, antiguo canciller del presidente Misael Pastrana, dedicado a la defensa de los derechos humanos. Vivía escondido en Bogotá con un fuerte dispositivo de seguridad y expresó al lingüista estadounidense su idea de que, en nombre de una doctrina para combatir al “enemigo interno”, se perseguía combatir y exterminar a cualquiera: “Incluidos activistas de los derechos humanos, como yo mismo”.

Diecisiete años después, son muchos centenares los colombianos que han entregado su vida por la defensa de los derechos contenidos en la Declaración Universal de 1948. Una lucha por la humanidad entera.

ANTONIO ALBIÑANA

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