De  elmundo

Presentacion de las zapatillas Nike Adapt BB, en Nueva York. ALBERTO DI LOLLI

En 1987 Tinker Hatfield, diseñador de Nike, recibió el encargo de imaginar cómo serían las zapatillas del futuro. Debía crear las botas que Marty McFly se calzaría al bajar del Delorean el 21 de octubre del año 2015, en la segunda entrega de Regreso al futuro, en ese mundo en el que los coches podrían volar, los monopatines flotarían y las zapatillas tendrían robocordones. « La gente hablaba de levitación magnética, de poder caminar por el techo y las paredes. Pero yo pensaba que no podíamos hacer lo mismo de siempre, quería que la gente se entusiasmara por el futuro », cuenta Hatfield en el documental de Netflix Abstract: el arte del diseño. « Pensé que quizá en un futuro las zapatillas serían inteligentes y podrían identificar quiénes éramos. Que al ponértelas cobrarían vida y se adaptarían a tu pie. Sería tu zapatilla, sabría quién eres ».

Las botas que Michael J. Fox se calzaba en la película eran falsas, había un señor escondido que tiraba de los cordones para ajustarlos pero Nike nunca se quitó de la cabeza la idea de reproducirlas en el futuro. En el futuro de verdad. Treinta años después de la idea original y tras una década larga de investigación y desarrollo, prototipos, fracasos, rediseños y plazos incumplidos, las llamadas Nike Adapt BB, las « zapatillas inteligentes » que se abrochan solas, son ya una realidad.

La compañía las presentó este martes en Nueva York cerrando (de momento) un capítulo que resume, en definitiva, la historia de las zapatillas en el mundo. El viaje en paralelo de deporte y tecnología, el diseño, la moda, la competición… La historia de cómo el calzado deportivo abandonó los gimnasios para convertirse en objeto de lujo, en codiciadas piezas de coleccionismo.

La editorial Taschen acaba de publicar The ultimate sneaker book, una antología de los primeros 15 años de la revista Sneaker Freaker, casi a la vez que Penguin Random House editaba en Estados Unidos Sneakers, un libro presentado dentro de una caja de zapatillas que radiografía sobre la evolución cultural. Durante las últimas décadas firmas como Nike, Adidas o Converse o (últimamente) Under Armour han marcado la tendencia del calzado más popular y las grandes firmas de lujo han seguido sus pasos creando sus propias interpretaciones. Las clásicas Converse Chuck Taylor, que empezaron como botas de baloncesto hace más de un siglo, han inspirado diseños de Ann Demeulemeester, Rick Owens o Yves Saint Laurent. Gucci o Alexander McQueen diseñaron modelos muy similares a las míticas Stan Smith que ideó Adidas para jugar al tenis. Tom Ford tiene zapatillas muy parecidas a las Vans de los skaters, Louis Vuitton lanzó unas botas inspiradas en las Nike Dunk y Prada, Balenciaga y Fendi adaptaron los modelos para maratón que diseñó Nike con calcetín incorporado.

«El sector del lujo siempre estuvo al margen del streetwear, porque el tipo de consumidor era distinto. Ahora ya no, la cultura ha cambiado. Antes con unas zapatillas blancas era complicado que te dejaran entrar a un garito, hoy nadie viste sin zapatillas». Habla Álex Tejero, propietario de más de 100 pares de zapatillas y de Numbers, una tienda de sneakers en Malasaña, una de las primeras en España.

« Los que hoy tenemos 40 años nos criamos en la época dorada de las zapatillas. A finales de los 80 y los 90 nuestra generación no tenía móvil ni consola, nuestra obsesión era calzarte unas Jordan, unas Air Max… Nos criamos con esa cultura y entonces no era moda, sino deporte », explica. « Entonces no sabíamos ni lo que eran las tiendas de sneakers, te comprabas las Jordan en la tienda de tu barrio, en Deportes Pepe ».

Hoy la tienda de Pepe es una industria que mueve 74.000 millones de euros al año y que según las previsiones no dejará de crecer a corto plazo.

«Casi todas las firmas han acudido a las zapatillas porque tocan todos los botones: retro, arte, moda, influencers… Son las democratizadoras de la celebridad. No puedes volar en el jet de Jay-Z o comprar su coche, pero sí puedes usar sus zapatos», aseguraba Josh Luber, director ejecutivo de StockX, en The New York Times. Su portal de compraventa de zapatillas recibió una inversión de 44 millones de dólares el año pasado.

Rebobinemos un poco antes de Deportes Pepe para buscar la génesis del fenómeno. En 1984, Nike lanzó la primera edición de las legendarias Air Jordan. Eran rojas y negras, valían 65 dólares y la NBA las prohibió porque no eran suficientemente blancas. Michael Jordan siguió usándolas igualmente y Nike pagó cada multa sin rechistar. La compañía ya tenía su relato más allá de la zapatilla, su « conexión emocional ».

Dos años después de aquel lanzamiento, el grupo de hip hop Run DMC publicaba su single My Adidas. Durante un concierto en el Madison Square Garden, en julio de 1986, los raperos invitaron al público a mostrar sus adidas durante la canción y la compañía alemana (enemiga íntima de Nike) acabó firmando un contrato de un millón de dólares con el grupo. Fue el primero entre una firma deportiva y una estrella musical, el origen de otro capítulo decisivo en esta historia, la vuelta de tuerca al impacto de las estrellas del deporte. Vinieron las Adidas de Snoop Dogg, las Jordan de Eminem, las Rebook de Jay Z o de 50 Cent o las Yeezy, de Kanye West, que ha firmado zapatillas para Nike, luego para Adidas y también para la firma japonesa Bape o Louis Vuitton.

«El espectro de cliente se ha ido ensanchando. Las colaboraciones con músicos o con diseñadores ayudó al crecimiento pero, sobre todo, fue internet lo que lo cambió todo. Hay gente que ahora ve las zapatillas como un negocio y hay quien lleva años esperando una reedición. Entiendo que el primer grupo se moverá por oferta y demanda. El segundo es el que hace que esto merezca la pena», cuenta Diego Martínez, cofundador de Foot District, tienda que abrió en Madrid en 2012.

La explosión del comercio electrónico y las redes sociales llevó el negocio de las zapatillas a una nueva dimensión e hizo coincidir en el tiempo por primera vez todos los episodios de esta historia. La tormenta perfecta. Llegaron nuevas estrellas del deporte, nuevas colaboraciones y nuevos mercados. Las zapatillas que antes sólo podías comprar en Deportes Pepe podías conseguirlas ahora en Tokio y tenerlas en casa en una semana. Aumentó la oferta y se multiplicó la locura.

Según el documental Sneakerheadz, estrenado en 2015, cada año mueren más de 1.000 personas en todo el mundo en incidentes relacionados con zapatillas de deporte, sobre todo atracos. Es el lado oscuro de un fenómeno que ha convertido la caza de sneakers en la búsqueda del santo grial.

En 2011 Nike subastó en eBay 1.500 pares de una edición limitada de las zapatillas de Regreso al futuro a beneficio de la Fundación Michael J. Fox para la investigación del Parkinson. Recaudó más de 4 millones de euros en la mayor subasta de caridad en la historia de la plataforma. El verano pasado se subastó también una de las zapatillas originales que vistió el actor, la del pie izquierdo, con piezas rotas y partes ya podridas. El comprador final pagó por ella más de 80.000 euros.

En 2013, se subastaron las zapatillas que usó Jordan en las finales de 1997 en el famoso partido en el que anotó 38 puntos contra Utah pese a estar enfermo de gripe. Su precio final: 104.765 dólares (unos 90.000 euros).

Dos años antes salió a la venta una reedición de las botas con las que jugó la estrella de los Bulls tras su primer regreso a la NBA y los coleccionistas acamparon durante días en la calle para conseguirlas. Eran las Air Jordan XI, las Concord, un encargo personal del jugador a Tinker Hatfield: «Unas zapatillas que se pudieran llevar con esmoquin». Eran blancas, con una franja de charol sobre la suela y Jordan volvió a ser sancionado por la NBA por usarlas en competición.

A finales del año pasado salió una nueva edición. Se agotaron en cuestión de minutos.

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